MIGUEL LUNGHI ANTES DE SER INTENDENTE > JUN 27   

Un sábado de comienzo de invierno, a mitad de mañana en el Palacio Municipal, fueron las pinceladas que decoraron a la entrevista que estaba por comenzar. Que fue más una charla entre alguien que tenía curiosidad por aprender y otro que se abría a las preguntas con sencillez y amabilidad.
Por Francisco Sola - Tandil News

Cuando llegué, Miguel Lunghi se quitó el saco y me dijo que le dolía el cuello por el frío que pasó el día anterior en una de sus actividades de gestión. Estuvimos hablando por unos minutos de la situación nacional y local. Del orgullo que le generaba el aniversario del Hospital de Niños y otras yerbas.

Debo confesar que estaba nervioso, era la primera vez que podía hacerle una entrevista al intendente y quería aprovechar cada minuto para preguntar lo que a mí me interesaba. Y eran, en simples palabras, preguntas sobre su vida, de sus temores, fallas y aciertos. Elecciones de vida que lo hicieron llegar a ser un intendente que goza de enormes índices de aprobación de gestión. Por lo tanto, esta vez solo hablamos de su vida antes de ser electo intendente en 2003.

-¿Cuando te hiciste radical?
Nací radical. El hermano mayor de mi papá, Carlos Lunghi fue Secretario de Gobierno en 1920 a 1928 de unos cuantos intendentes radicales, que se renovaban cada año. Todo el ambiente de mi familia era radical y político.

Por suerte ningºn dirigente me defraudó, el radicalismo consiguió muchos derechos sociales. Desde la ley Saenz Peña, el derecho a huelga, el art 14 bis, pasando también por Yrigoyen que, nunca se dice, pero el radicalismo nunca tuvo mayoría. Por eso muchos de los derechos que hoy tienen los argentinos se demoraron. También está Alvear que quizás está más ligado a la derecha pero fue un gobierno excelente, con muchas cosas positivas. Y luego a la historia de mitad de siglo ya la conocí en persona y pude conocer a varios dirigentes.

-¿Como a quién?
Conocí a Ricardo Balbín en 1962.

-Eras un pibe…
Estaba en la universidad y un dia le toqué timbre. Estaba al cohete y quise conocerlo. Le toqué timbre, me atendió y me hizo pasar. Estuvimos como una hora y media hablando en su escritorio que era muy lindo.

-¿Y qué hablaron en ese momento?
Le preguntaba que podía hacer para que vuelva la democracia y como mejorar al radicalismo. Me dijo que había que juntarse, estar en los clubes, asociaciones civiles… en fin, tener representación en todos lados y dando el debate con dialogo.

-¿Le contaste a tu padre que te juntaste con Balbin?
Te diría que sí pero no recuerdo, mi padre se reunió varias veces con Balbín. Son cosas que se me ocurren caminando por la calle y las hago.

-¿A quien más le tocaste el timbre?
Bueno, una anécdota muy linda que recuerdo fue el día que derrocaron a Illia. Yo estaba mal, muy mal. Estaba deprimido, haciendo las guardias en el Hospital de Berisso. Mi padre me había comentado que se venía el golpe pero no le creí. Papá viajó y Don Arturo, que fue un excelente presidente muy institucional, le dijo que estaba todo bien. Las instituciones funcionaban, había elecciones, los partidos estaban funcionando, teníamos un cuatro por ciento de inflación, poca deuda externa y demás datos.

Igual yo no le creí, siempre tené en cuenta que no había celulares y la comunicación era muy difícil. Yo quería estar en Tandil con mi viejo y pedí permiso al jefe de guardias del hospital.

-¿Te viniste?
Me vine.

-¿Qué sentiste en esa situación?
Mal. Mi papá fue siempre un empleado, nunca terminó el secundario. Era un buen tipo con muchas carpetas de obras para hacer en Tandil. Hizo mil casas en mil días de gobierno, si queres te las digo pero se haría muy larga la nota. Son todas las del banco provincia, barrio jardín, hipotecario y demás. Siempre hay que ser honesto, hubo una ayuda muy grande del Ministerio de Economía de la Nación que estaba a cargo Juan Carlos Pugliese. Papá se sentaba con Pugliese, no es lo mismo que tocar timbre.

Bueno, cuando llegué estuve con mi padre y el lloraba. Estaba mal no por el puesto, sino por todas las obras que no pudo hacer. Lo acompañé durante varios días, el seguía deprimido pero me tuve que volver. Pero no me fui a La Plata, me fui a Buenos Aires, directo. Quería ver a Don Arturo Illia.

-¿Vos solo?
Yo solo. Llegué a Retiro y me fui a Martinez a la mañana. A eso de las 11 llegué a su casa. Illia no estaba exiliado pero se fue a la casa del hermano, no tenía otro lugar. Cuando llego había dos patovicas de la Policía Federal de tres metros cada uno y les dije que venía a ver al Presidente de la Nación. Se rieron pero insistí y le consultaron a Illia.

-¿Ya derrocado?
Si claro, ya habían pasado algunos días. Onganía ya había jurado.

-¿Cómo fue esa charla?
Muy buena, sin rencores. Le pregunté por qué Onganía era presidente. Me contestó: “porque le correspondía, Estaba en el escalafón, nunca habló conmigo pero yo cumplo con las instituciones”. Yo le pregunté: “¿Don Arturo usted conocía el paño? Y me contestó que lo importante era que haya una transición en paz.

-¿Cómo reaccionaste? ¿Eras verborragico de joven o siempre fuiste calmado?
Siempre fui igual. Me comentó como estaba el país adentro pero también a nivel internacional. Acordate que vino el General De Gaulle y que el país estaba en marcha. Dejó el presupuesto educativo más alto de toda la historia y demás acciones de su gobierno.

De igual manera, te digo que cuando salí de ahí tenía ganas de agarrar una ithaca y atacar a todo el mundo. Pero me fui a La Plata y estuve seis meses parado. Onganía cerró las universidades durante seis meses.

-¿Y qué hiciste en esos seis meses?
Me quedé estudiando, hacía guardia ad honorem en algºn hospital. También tenía algunos conocidos donde podía hacer cosas menores, como tomar la presión y cosas simples. También vine a Tandil alguna vez hasta que se cumplió el tiempo y volví a clases.



-¿Cómo fue hacer política en Tandil en la ºltima dictadura cívico-militar? ¿Te persiguieron?
No, te cuento: Yo volví a Tandil y me casé de entrada. Vivía en la casa de mi padre… no fue fácil. La convivencia era tensa entre las generaciones. Vivíamos en Sarmiento y Paz, en un octavo piso. Asique me dediqué a afianzar mi profesión. Hacía guardias, viajaba a Barker tres veces a la semana junto a mi mujer. Atendía a mucha gente por Loma Negra. Luego volvía y a las tres de la tarde hacía consultorio.

Conseguí un crédito hipotecario en el Banco Comercial y mi suegro me ayudó con el terreno en la casa donde hoy vivo. Por supuesto que arranqué con sesenta metros, después al tiempo hice otros sesenta y cada cuatro años aparecía un chico y ampliaba un poco la casa. Yo en esa época no tuve mucho tiempo más que salir a Barker y volver al consultorio.

Tuve mi primer hija al año y mi segunda hija a los once meses, mi señora casi me mata. Tenía que mantener a mi familia y a final de los ochenta ya me pude involucrar un poco más.

-¿Cómo te involucraste?
Yendo a charlas, acercándome al comité, reuniones y demás.

-¿Cuantos años tenías?
Pisando los casi cuarenta. Te diría que también fue un compromiso pero antes había trabajado mucho en la campaña de Raºl Alfonsin. En cosas simples claro, a pegar, pintar los cordones de la vereda siendo un medico joven. Fui a muchos actos hasta que Grasso y Reynoso me pidieron que me encargue de algunas cosas del hospital.

Yo estaba todo el tiempo laburando y un día sin que me pregunten me agregaron al listado con los directores del Hospital.

-¿Cómo fue la lucha para ser concejal?
En realidad me ofrecieron ser intendente.

-¿De entrada?
Si de entrada (risas) El grupo en donde estaba era La Coordinadora y me querían de intendente, eramos muchos jóvenes en ese espacio. Fue una linda interna contra Grasso pero por supuesto nos ganó la estructura del partido. De las 3.700 personas que votaron nosotros sacamos 1.500 votos. Por lo tanto entré con la minoría de tercer candidato. Daniel Grasso perdió contra Gino Pizzorno por pocos votos.

-¿Te gustó ser concejal?
No.

-¿Por? ¿Te gusta más lo ejecutivo?
Siempre. Ser concejal es muy difícil en la oposición y además era un Concejo Deliberante de mucho nivel. Sentís, Mouilleron, Espina, Grasso, Reynoso, Carlitos Fernandez y demás. Eran discusiones terribles y muy largas.

Cuando todos eramos orgánicos, en el bloque se discutía pero la decisión mayoritaria era la que se votaba en conjunto. En el recinto se votaba lo que se resolvía en el bloque y así debe ser. En esos momentos no había tanta división y se sabía con antelación los resultados de las votaciones. Pasábamos dos horas discutiendo y no se cambiaba ni una coma.

-¿Y tu paso por la Clínica Chacabuco como fue?
Fue en memoria de mi padre. Me llama un día Zanatelli si quería agarrar la Clínica Chacabuco que estaba cerrada. Tomé el desafío pero ni me imaginé donde me estaba metiendo. Me dieron las llaves, entré y estaba todo sucio con telas de araña.

-¿Cómo?
Cerrado y sucio. 120 personas afuera, no despedidas pero no cobraban hace casi un año.

-¿Y cómo hiciste para cambiar esa situación?
No lo sé (risas). Ser honesto y transparente, mi equipo no cobró nada por dos años. El interventor cobraba tres mil pesos, acordate que eran tres mil dolares. Yo no cobré ni un peso hasta el año 2000 que me puse muy poca plata y mi equipo lo mismo.

Al personal le dije que iba a hacer el esfuerzo de pagarles el 70% del sueldo si me ayudaban y salíamos adelante. Cada año les iba a aumentar un 10% hasta llegar al 100% y que cuando se jubilaran iba a haber una reconsideración de la plata que habían dejado de percibir.

-¿Los trabajadores que dijeron?
Todos me dijeron que sí. La Clínica abrió, Marcelo Alonso me dio una mano enorme dando medicamentos gratis por seis meses hasta que pudiéramos pagar sin apuro. Empezamos a pintar y arreglar lo que podíamos. Todos los vecinos de Tandil ayudaron mucho, los negocios me daban muchas facilidades y empecé a manguear a todo el mundo para cambiar los cerámicos y arreglar los muebles de robles que estaban pintados.

Fuimos pagando en cuotas, y hay que destacar el labor de Juan Pablo Frolik. Que se sentó todos los días con los trabajadores y con empresarios para tratar de pagar todas las deudas. También Saraca y mi hija ayudaron mucho como un montón de profesionales.

La levantamos con mucho amor y cariño, era todo muy costoso porque eran todos los costos en dolares. Asique me hice cargo de la Guardia sin cobrar y de muchas áreas. Era una monarquía pero bueno, era necesario para bajar gastos.

-¿El dinero no te importaba?
No porque cuando se fue construyendo la clínica, mis padres me llevaban y yo usaba pantalón corto en esa época. Se inauguró en 1955 y el que dio el discurso fue mi tío Carlos. Mis padres junto a la comisión se juntaban y hacían las sabanas, guardapolvos, compresas para operar y yo andaba dando vuelta por las piezas y me quedaba durmiendo en ellas. Hasta que me iban a buscar y nos íbamos…Yo tenía que devolver algo de tanto que me dieron.

Luego vinieron muchas personas que hoy me acompañan en la gestión y me empezaron a sondear para que vaya de candidato para 2003. Yo ya había sido candidato sabiendo que perdía contra Zanatelli y Menem. Saqué el 19, 8% y quedé a dos puntitos de poner al tercer concejal.

-¿Fueron a internas?
Tuve la suerte de ganarla a Cacho Equiza y trabajamos muy bien. Con más de 140 personas haciendo todas las semanas las mesas de trabajo. De ahí sale por ejemplo el Hospital de Niños, la pelea era muy difícil por los resultados nacionales pero teníamos buen recibimiento en la calle.

Tenía mucha ventaja porque antes era otra medicina, terminábamos de hacer domicilios a las tres de la mañana y me tiraban papeles por debajo de la puerta de mi casa pidiendo ayuda.

Por suerte ganamos haciendo un equipo integro con muchas personas que no me habían votado y lo sumé a todos. Siempre me ocupé en mi vida, desde el secundario con la farándula, caminar por la calle y tocarle timbre a un expresidente y así todo el tiempo.

-¿Algºn mensaje para los jóvenes que quieren hacer política?
Que se incluyan, trabajen pero que no se apuren. Todo llega. No hay que atropellar o correr pensando en el sillón. Uno va a llegar si tiene la suerte de tener una trayectoria y formar un equipo. Se te puede dar como no se puede dar.

Cuando uno va haciendo pequeños grupos exclusivamente para llegar, no llegas. Solo se llega cuando existe un consenso de que uno puede llegar a ser. Cuando uno se pone por encima al resto para poder ser es muy difícil. Todas las veces que yo actué, me vinieron a buscar.
VOLVER   
INTENDENTE MIGUEL LUNGHI
JUVENTUD RADICAL COMITE NACIONAL
JUVENTUD RADICAL PROVINCIA DE BUENOS AIRES
MESA NACIONAL FRANJA MORADA
MUNICIPIO DE TANDIL
UCR COMITE NACIONAL